Antes de convertirse en patrono, San Sebastián fue un hombre que vivió en uno de los periodos más duros para los primeros cristianos. Su historia se remonta al corazón del Imperio Romano, en una época donde profesar la fe cristiana significaba desafiar directamente al poder.
La vida y el martirio de San Sebastián no solo construyeron la imagen de un santo, sino que dieron origen a una devoción que se expandió a lo largo de los siglos, atravesando fronteras, culturas y continentes, hasta llegar a lugares tan lejanos como los Andes.
📜 ¿Quién fue San Sebastián?
San Sebastián nació hacia el siglo III, entre los años 255 – 256 en Narbonne (actual Francia), aunque su vida se desarrolló principalmente en Milán. Vivió en un tiempo donde el cristianismo aún era perseguido, practicado en secreto y castigado con la muerte.
Desde joven, Sebastián abrazó la fe cristiana, pero lo hizo en silencio. Su vida transcurrió entre dos mundos: el del poder romano y el de una espiritualidad que crecía en las sombras.
Sebastián llegó a ser nombrado centurión y jefe de la primera cohorte de la Guardia Pretoriana, quien recibió apoyo de los emperadores Maximiano y Diocleciano gracias a que demostró ser un soldado excepcional, destacando su valentía, lealtad e inteligencia. Caminando así entre los hombres más poderosos de Roma.
Cumplía sus deberes como militar, pero evitada participar en los actos idólatras romanos. En cambio buscaba fortalecer la fe de los cristianos capturados y encarcelados, siendo algo que no se mantuvo mucho tiempo oculto.
Primer Martirio
Cuando su condición de cristiano fue descubierta, el castigo fue inmediato. El emperador Maximino ordenó su ejecución. Dándole antes una oportunidad de salvarse si rechazaba su fe, Sebastián mantuvo su postura afirmando frente a Maximino su fe.
Ordenando así que fuera atado a una estaca y atravesado por flechas, en un acto pensado no solo para matarlo, sino para dar ejemplo.
Su cuerpo quedo quedo herido, perforado y abandonado. Pero la muerte no llegó. Rescatado por conocidos, fue llevado y cuidado en secreto el la casa de Santa Irene.

Segundo Martirio
Tras su recuperación contra toda lógica de supervivencia, Sebastián no huyó. En cambio volvió a presentarse ante el emperador para reprocharle la persecución contra los cristianos.
Esta vez, la sentencia fue definitiva. Sebastián fue azotado con garrotes y golpes hasta morir, su cuerpo arrojado a un pozo para que no fuera venerado. Sin embargo, como ocurre con las historias que dejan huella, su memoria no pudo ser borrada.
Su cuerpo fue rescatado por devotos y lo enterraron en como es debido en Vía Apia, siendo el registro de su fallecimiento en el 288.
🙏 La expansión de su devoción en el mundo
Durante la Edad Media, San Sebastián fue invocado como protector contra la peste y las enfermedades, especialmente en Europa.
Las flechas que lo atravesaron comenzaron a interpretarse simbólicamente como los males que caen sobre la humanidad, y su resistencia, como protección frente a ellos.
Iglesias, capillas y cofradías adoptaron su nombre. Su culto se expandió por:
- Guipúzcoa, España. Siendo celebrado en su capital de Donostia/San Sebastián en su festival de Tamborrada.
- En las ciudades Italianas como Acireale, Caserta y Petilia Policastro
- Qormi, Malta. Siendo San Sebastián co-patrono de la ciudad junto a San Jorge.
- Río de Janeiro, Brasil. Relacionado con al religión Umbanda
- En Perú se celebra en dos distritos: en el sur en San Sebastián, Cusco y en el norte en Chepén, La Libertad
🌄 San Sebastián y su llegada al mundo andino
Con la evangelización, la imagen de San Sebastián llegó a América. En los Andes, su figura encontró un nuevo espacio simbólico: el del sincretismo, donde la fe cristiana dialogó con antiguas formas de entender el sacrificio, la protección y el vínculo con lo sagrado.
Así, San Sebastián dejó de ser solo un mártir romano para convertirse en patrón, protector y eje de celebraciones comunitarias, como ocurre en Cusco, donde su festividad marca el inicio del calendario festivo anual.

